UNA EXHORTACIÓN A LA SOLIDARIDAD

Solamente nos pidieron que nos acordáramos de los pobres; lo cual también me apresuré a cumplir con diligencia.

Gl 2.10

 

Introducción

¡Cuán cautelosos debemos ser los ministros, especialmente en asuntos relacionados con dinero, para no dar ocasión a aquellos que buscan la oportunidad de criticar!

La necesidad de que los creyentes cuiden de los pobres es un tema permanente en la Biblia, pero con frecuencia no hacemos nada por tomarlo en cuenta. Hemos sido atrapados en el interés egoísta de satisfacer nuestros deseos y necesidades. Tal vez no vemos demasiada pobreza para recordar las necesidades de los pobres.

El mundo está lleno de pobres, aquí y en otros países.

¿Qué puede usted hacer para ayudarles?

La Colecta para Jerusalén

La difícil situación por la que estaban pasando los pobres de Judea requería que se tomaran medidas especiales para socorrerles. Al parecer, esta situación, aunque unas veces más severa que otras, era algo constante:

  • En aquellos días, unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. Y levantándose uno de ellos llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sobrevino en tiempo de Claudio.

    Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar un socorro a los hermanos que habitaban en Judea; lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.

  • Bernabé y Saulo, cumplido su servicio, volvieron de Jerusalén, llevando también consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos.
  • No digo esto para que haya para otros holgura y para vosotros escasez, sino para que en este momento, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, como está escrito: «El que recogió mucho no tuvo más y el que poco, no tuvo menos».

Hacía algunos años Pablo y Bernabé habían sido enviados en una misión de socorro. Ahora Pablo y Bernabé están de acuerdo en que esa ayuda debía continuar.

Las instrucciones de Pablo para la recaudación de dinero para la iglesia en Jerusalén no estaban confinadas a un lugar específico, sino que las dio a conocer a todas las iglesias en Asia Menor, Macedonia y Grecia. Por ejemplo, a las iglesias en Galacia dio las mismas instrucciones que dio en Corinto.

Pablo afirma que fue con diligencia—se empeñó esmeradamente, hizo todo lo que pudo—en cumplir con este compromiso. Por cierto, fue tan diligente al entregarse a esta labor, que en su tercer viaje misionero, durante el cual se escribió Gálatas tuvo, como uno de sus fines principales, tal como el mismo apóstol lo afirma, a hacer limosnas a mi nación y presentar ofrendas.

Las palabras, “tendríamos que continuar recordando” probablemente no sólo significan que la obra que se había comenzado debería reanudarse y así continuarse, sino también que la ayuda a los pobres debe ser y permanecer como una práctica permanente de la iglesia. El pasaje de 1 Cor 16 apunta con toda seguridad en esa dirección:

En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas.

Una obra social de esta naturaleza debe ser impulsada con toda la fuerza disponible. Es algo requerido por la ley de Dios:

  • Seis años sembrarás tu tierra y recogerás su cosecha, pero el séptimo año la dejarás libre, para que coman los pobres de tu pueblo, y de lo que quede comerán las bestias del campo. Así harás con tu viña y con tu olivar.
  • No rebuscarás tu viña ni recogerás el fruto caído de tu viña; para el pobre y para el extranjero lo dejarás. Yo, Jehová, vuestro Dios.
  • »Cuando haya algún pobre entre tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová, tu Dios, te da, no endurecerás tu corazón ni le cerrarás tu mano a tu hermano pobre, sino que le abrirás tu mano liberalmente y le prestarás lo que en efecto necesite. Guárdate de albergar en tu corazón este pensamiento perverso: “Cerca está el séptimo año, el de la remisión”, para mirar con malos ojos a tu hermano pobre y no darle nada, pues él podría clamar contra ti a Jehová, y se te contaría como pecado. Sin falta le darás, y no serás de mezquino corazón cuando le des, porque por ello te bendecirá Jehová, tu Dios, en todas tus obras y en todo lo que emprendas. Pues nunca faltarán pobres en medio de la tierra; por eso yo te mando: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra.

También lo recuerdan las exhortaciones de los profetas veterotestamentarios:

 Él juzgó la causa del afligido y del necesitado, y le fue bien.

  • ¿No es esto conocerme a mí?, dice Jehová.

    Mas tus ojos y tu corazón

    no son sino para tu avaricia,

    para derramar sangre inocente

    y para oprimir y hacer agravio.

  • Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias con los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad.
  • Así ha dicho Jehová: «Por tres pecados de Israel, y por el cuarto,

    no revocaré su castigo:

    porque vendieron por dinero al justo,

    y al pobre por un par de zapatos.

Y por supuesto, las enseñanzas del mismo Seño Jesús:

  • Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos, pues esto es la Ley y los Profetas.
  • Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.
  • Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo, porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.
  • Algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: «Compra lo que necesitamos para la fiesta»; o que diera algo a los pobres.
  • Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.

Contribuir para los pobres es algo que pertenece a la expresión de gratitud que el creyente tiene por los beneficios recibidos. Aquellos que han recibido misericordia deben ser misericordiosos.

Pablo señala al hecho de que si los gentiles han recibido tantas bendiciones espirituales de los santos de Jerusalén, ellos deben servirles a ellos en lo material (Ro. 15:26, 27).

¡Y con toda seguridad, el texto más grande de todos en conexión con esto es:

  • Ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre siendo rico, para que vosotros con su pobreza fuerais enriquecidos.!

Al hombre generoso le espera una gran recompensa:

»Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; entonces apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.  Y pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo, porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis; estuve desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y fuisteis a verme.” Entonces los justos le responderán diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero y te recogimos, o desnudo y te vestimos? ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?” Respondiendo el Rey, les dirá: “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.”

»Entonces dirá también a los de la izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles, porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis.” Entonces también ellos le responderán diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te servimos?” Entonces les responderá diciendo: “De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.” Irán estos al castigo eterno y los justos a la vida eterna.

Es notable que Pablo, el gran pensador, es a la vez el benefactor cristiano que cree con todo corazón en que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y especialmente a los de la familia de la fe.

Conclusión

¡Así es el cristianismo!

Si es cristianismo genuino, se preocupa por los pobres, su salud y sus viviendas, su bienestar espiritual pero también material. Hace todo a su alcance para ayudar a los menesterosos, los analfabetos, los malnutridos, los extranjeros y los que pertenecen a las “minorías”.

¡Un verdadero cristiano lleno del amor de Dios en su corazón, con diligencia anhelará ser útil a los pobres y desamparados!

Los cinco hombres que hicieron este acuerdo, Jacobo, Pedro, Juan, Bernabé y Pablo deben haber sentido una felicidad profunda cuando se dieron la diestra en señal de compañerismo el uno al otro, hermanos de una causa común. De modo que Pablo y Bernabé llegaron a un acuerdo solemne con los otros, prometiendo recordarles a los gentiles que ayudasen a los pobres; particularmente en el caso presente, a los santos en Jerusalén.

¡Uno de los cinco era Jacobo (o sea Santiago) el hermano del Señor, cuyas palabras inolvidables respecto a los ricos y los pobres tenemos en el segundo y quinto capítulos de su epístola!

Y si un hermano o una hermana están desnudos y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: «Id en paz, calentaos y saciaos», pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?

¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas y vuestras ropas, comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos y su moho testificará contra vosotros y devorará del todo vuestros cuerpos como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días finales. El jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros, clama, y los clamores de los que habían segado han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra y sido libertinos. Habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza. Habéis condenado y dado muerte al justo, sin que él os haga resistencia.

 

La Colecta para los damnificados del invierno

Dios ha dado su gracia a la iglesia para movernos a ayudar a otros que están en necesidad.

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