JESUCRISTO BASTA

Jesucristo Basta 

Steven y Lluvia Richards © 2017 CanZion 
Álbum: Somos Iglesia 
Director de video: Jesiah Hansen 

 LETRA: 

Nuestros corazones insaciables son hasta que conocen a su salvador. Tal y como somos nos amó, Hoy nos acercamos sin temor. Él es el agua que al beber Nunca más tendremos sed //Jesucristo basta // Mi castigo recibió Y su herencia me entregó //Jesucristo basta // Fuimos alcanzados por su gran amor, con brazos abiertos nos recibe hoy. Tal y como somos nos amó, Hoy nos acercamos sin temor. Él es el agua que al beber Nunca más tendremos sed //Jesucristo basta // Mi castigo recibió Y su herencia me entregó //Jesucristo basta // Ahora hay un futuro y esperanza fiel. En su amor confiamos, hay descanso en Él.

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Descanso

IPUL BALTIMORE

Adonay Rojas Ortiz

June 17, 2017

El descanso.

Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y

humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. (Mt

11:29–30)

Este realmente no es un sermón propiamente dicho, es la conclusión de

un sermón que dividí en tres partes. Las dos partes anteriores las

prediqué consecutivamente estos dos domingos anteriores.

En el primero de ellos les hablé sobre lo primero que el Señor quiere

que aprendamos de él, la mansedumbre, el estar dispuesto a sufrir de

manera injusta pero encomendando la causa a quien todo lo juzga y

quien dijo:

No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira

de Dios, porque escrito está: «Mía es la venganza, yo pagaré, dice el

Señor». (Ro 12:19)

La mansedumbre no es debilidad, es sabiduría, y nos libra de muchos

problemas. Necesitamos la mansedumbre.

El domingo anterior proseguí con lo otro que quiere el Maestro que

aprendamos, la humildad. Aquella esquiva virtud que si alguno descubre

que la tiene acaba de perderla. Los humildes no notan que lo son.

Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte

a su debido tiempo. Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él

tiene cuidado de vosotros.

(1 Pe 5:6–7)

También dijimos que una cosa es la humildad y otra la humillación,

recordando lo que le pasó a Nabucodonosor, que cual el salmista pudo

exclamar:

Antes que fuera yo humillado,

descarriado andaba;

pero ahora guardo tu palabra.

(Ps 119:67).

Humildad es aceptar nuestra condición, llena de limitaciones e

imposibilidades, sólo de esa forma podemos aceptar el divino socorro.

Lo contrario a humildad es arrogancia, altivez, orgullo, petulancia.

Estas palabras, mansedumbre y humildad, son sinónimas y tienen que ver

con doblegarse, con inclinarse, postrarse, y son además actitudes que

produce el Espíritu Santo en nuestra vida. No es fruto del

entrenamiento eclesial, es fruto del Espíritu Santo que moldea en

nosotros el carácter de Jesús.

Hoy entonces llegamos a la conclusión de éste sermón: Si aprendemos de

Jesús mansedumbre y humildad descansaremos, hallaremos el verdadero

reposo.

El pasaje bíblico que hemos estado analizando forma parte de una

cláusula textual más amplia en la que sobresalen algunas palabras que

parecieran contradictorias, yugos, cargas, trabajos, y descanso:

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré

descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy

manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas,

porque mi yugo es fácil y ligera mi carga».

(Mt 11:28–30)

¿Saben ustedes qué es y para qué se usa el yugo?

Un yugo es un aparato de madera que se colocaba en el cuello a los

bueyes para que tiraran del arado atrás de ellos, generalmente se

trabajaba en yuntas de bueyes que no solo unían y sumaban sus fuerzas

sino que aprendían a jalar hacia el mismo lado y al mismo ritmo. Se

procuraba colocar un buey experimentado con uno que apenas comenzaba a

usarse, de ese modo el nuevo aprendía del viejo la tarea a realizar.

En los tiempos bíblicos también se usaba el yugo en seres humanos,

cuando se los llevaba cautivos. También en ocasiones se mantenía a los

esclavos cautivos por medio de un yugo.

Figurativamente, cualquier carga impuesta sobre otro, o cualquier

medio de sujeción, se consideraba yugo.

Ésta figura del yugo se usa además de manera alegórica para estados

que exigen unión, como el matrimonio por ejemplo:

Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud.(La 3:27).

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos. (2 Co 6:14).

Además se usaba la expresión "lleven mi yugo" para indicar "háganse

más discípulos", "sigan mi norma", "permítanme enseñarles". Y ese es

el sentido en el que Jesús lo usa.

La idea que se describe es aceptar "las condiciones o el yugo". Es una

acción concreta que consiste en colocarnos este yugo y aceptar las

condiciones.

Se denota entonces que quien lleva el yugo puesto no hace lo que

quiere. Tiene que ponerse de acuerdo con su compañero de yugo para

hacer algunas actividades y hay que ceder entonces la voluntad a la de

otro.

¿Cómo es que eso nos puede dar descanso?

En una oportunidad Jesús tomó un niño y lo puso como ejemplo, dijo:

—De cierto os digo que si no os volvéis y os hacéis como niños, no

entraréis en el reino de los cielos. (Mt 18:3).

Ahora que tengo mi bebé me he dado cuenta de lo dependiente que es la

vida de un niño.

Él no vive afanado por nada, se divierte, come, duerme, si quiere que

lo alce en brazos extiende sus manitas hacia mí, poco le importa a él

si yo estoy cansado, si ya pagamos la renta, si hay o no mercado, no

se preocupa por la ropa que le vamos a poner, ni por el alimento que

debemos darle. Él solo pide, él solo presenta la necesidad, la

solución de ella no es asunto suyo, él tiene unos padres que velan por

él.

Las decisiones de su vida las ha dejado a cargo de otro. ¿Qué ropa

ponerse? ¿Qué comer? ¿Dónde vivir? ¿En qué escuela estudiar? Él no

decide, otro lo hace por él y él acepta plácidamente acatar esas

decisiones sin cuestionarlas ni pedir explicaciones.

Si no nos hacemos como Lancelot Adonay, no entraremos en el reino de los cielos.

Adán y Eva en el paraíso eran como niños, ellos no andaban afanados

tomando sus propias decisiones, alguien proveía para ellos, alguien

decidía lo que era bueno y lo que no, ellos solo confiaban y

disfrutaban la vida, hasta que vino la tentación.

Dios sabe que el día que comáis de él serán abiertos vuestros ojos y

seréis como Dios, conocedores del bien y el mal. (Ge 3:5).

¿Conocedores del bien y del mal?

¿Y tomaremos nuestras propias decisiones sin depender de nadie?

¿Seremos independientes entonces?

Y vino la desgracia, el hombre queriendo ser como Dios terminó esclavo

del pecado, con un pesado yugo sobre su cuello. Había sido engañado,

pero se había atrevido a desobedecer, a no acatar la orden de Dios, a

independizarse, a no depender de nadie. ¡Cuan frustrado terminó el ser

humano!

En su impotencia e incompetencia el hombre solo tiene una alternativa

de verdadera liberación, reconocer con mansedumbre y humildad su

lamentable estado y volver a su estado inicial, aceptar el yugo que

quebró en su desobediencia. Ese es el yugo fácil que nos ofrece

Jesucristo.

Una hermana, que con toda seguridad experimentó la frustración de

vivir sin la guía del Espíritu Santo, compuso esta hermosa canción:

Tu opción señor muy simple parecía Quise

probar que había algo mejor Más todo

lo que hice me hizo daño Y cada

paso más me descarrió.

Oí tu dulce voz que me guiaba
Más terca quise hacer mi voluntad

Construí un mundo de poder, fama y fortuna
Y solo aumentaba mi pesar.

Lo haré a tu manera, pues traté a la mía
Y anduve errante sin hallar

una salida
Lo haré a tu manera y con alegría
Señor tu amor, sanó mi

corazón.

Luché contra tu intento de ayudarme
Te di la espalda una y otra vez

Huí con la esperanza de ser alguien
Pero al final de todo fracasé.

//Lo haré a tu manera, pues traté a la mía
Y anduve errante sin hallar

una salida
Lo haré a tu manera y con alegría
Señor tu amor, sanó mi

corazón.//

Esa es la realidad de alguien que quiere en su orgullo hacer las cosas

a su manera, es mejor permitir que el Señor sane nuestras heridas, y

hacer las cosas a su manera.

¿Qué tal Lancelot Adonay tratando de tomar las decisiones que me

competen a mí? ¿Cómo se sentiría de frustrado, incompetente, y

fracasado?

Alguna vez oí una ilustración sobre un hombre que iba caminando con

una enorme carga de leña sobre sus espaldas, tan pesada que casi

doblaba al hombre por la cintura.

Alguien que pasaba por esa misma carretera, pero en una camioneta, se

apiado de aquel laborioso hombre leñador y le invitó a subir a la

parte trasera de su carro mientras llegaban al pueblo más cercano, a

donde también se dirigía el leñador.

Al llegar al pueblo y estacionar su camioneta el conductor fue a la

parte trasera a ver cómo había llegado su pasajero. Cual sorpresa se

llevó al ver al anciano leñador aún doblado por la cintura y con la

pesada carga sobre sus espaldas…

-¿Pero cómo es posible que no hayas soltado esa enorme carga sobre el

platón de la camioneta?

-Ésta es mi carga, soy yo quien tengo que llevarla, no voy a permitir

que otro la lleve por mi, yo puedo solo.

¡Qué falta de humildad la de aquel anciano!

Ocupemos nuestro lugar.

¿Trabajados?

¿Cargados?

Les invito a que descansemos en el Señor…

BIBLIOGRAFÍA

Diccionario Teológico Beacon (p. 731). Lenexa, KS: Casa Nazarena de

Publicaciones.

Scott, C. (2012). Recursos misioneros para la Iglesia local (p. 37).

Buenos Aires, Argentina: Carlos Scott.



ADONAY ROJAS ORTIZ

Pastor Ordenado IPUC

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Humildad

(i) La primera y principal es la humildad. En griego es tapeinofrosynê, que es una palabra que acuñó por primera vez la fe cristiana. En griego no hay una palabra para humildad que no contenga algun atisbo de mezquindad. Posteriormente, Basilio había de describirla como «el joyero de todas las virtudes»; pero antes del Cristianismo la humildad no se consideraba ni siquiera como una virtud. El mundo antiguo consideraba la humildad despreciable.
En griego hay un adjetivo para humilde, que está íntimamente relacionado con el nombre, tapeinós. Una palabra se conoce siempre por las que lleva en su compañía, y la de esta era despreciable. Solía encontrase en compañía de los adjetivos griegos que quieren decir servil (andrapodôdês, dulikós, duloprepês), innoble (aguenês), despreciable (ádoxos), rastrero (jamaizêlos, que es el adjetivo que describe esa clase de plantas). En los días antes de Jesús la humildad se consideraba una cualidad cobarde, rastrera, servil e innoble; sin embargo, el Cristianismo la colocó a la cabeza de todas las virtudes. Entonces, ¿de dónde procede esta humildad cristiana, y qué conlleva?
(a) La humildad cristiana viene del conocimiento propio. Bernardo decía de ella: «Es la virtud por la que una persona llega a ser consciente de su propia indignidad, como resultado del más íntimo conocimiento de sí misma».
El vernos a nosotros mismos tal como somos es la cosa más humillante del mundo. La mayor parte de nosotros nos atribuimos un papel importante en la vida. En alguna parte se cuenta la historia de un hombre que, antes de acostarse, soñaba despierto sus sueños de grandeza. Se veía como el héroe de rescates emocionantes del mar o de las llamas; como un orador que tenía alucinada a una numerosa audiencia; como un futbolista que marcara el gol de oro en una final; siempre estaba en el centro de atención de muchos. Así somos casi todos. Y la verdadera humildad se produce cuando nos miramos a nosotros mismos, y vemos nuestras debilidades, nuestro egoísmo, nuestros fracasos en el trabajo y en las relaciones personales, etcétera.
(b) La humildad cristiana se produce cuando nos colocamos al lado de Cristo, y cuando consideramos lo que Dios espera de nosotros.
Dios es la suma perfección, y es imposible satisfacer a la perfección. Mientras nos comparemos con otros como nosotros, puede que no salgamos malparados de la comparación. Es cuando nos comparamos con la perfección cuando vemos nuestro fracaso. Uno puede considerarse muy buen pianista hasta que oye a alguno de los grandes intérpretes del mundo. Uno puede considerarse un buen ajedrecista hasta que se compare con cualquiera de los grandes maestros. Uno puede creerse un buen investigador hasta que conozca la vida de los grandes descubridores. Uno puede creerse un buen predicador hasta que escuche a uno de los príncipes del púlpito.
La propia satisfacción depende del nivel con el que nos comparemos. Si nos comparamos con nuestros semejantes, puede que nos demos por satisfechos. Pero el dechado cristiano es Jesucristo, y Dios nos demanda la perfección; y al colocarnos bajo ese rasero no nos queda lugar para el orgullo.
(c) Esto se puede decir de otro modo. R. C. Trench dice que la humildad viene del sentimiento constante de nuestra propia criaturidad. Nos encontramos en una situación de absoluta dependencia de Dios. Somos criaturas; y para la criatura no puede caber sino humildad en la presencia del Creador. La humildad cristiana se basa en el conocimiento propio, en la contemplación de Jesucristo y en las demandas de Dios.
COMENTARIO AL NUEVO TESTAMENTO POR WILLIAM BARCLAY
OBRA COMPLETA
CLIE
ADONAY ROJAS ORTIZ
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