EL ESPIRITU SANTO

El Misterio de la Piedad

Eliseo Duarte

November 1, 2017

EL ESPIRITU SANTO

Esta es otra manifestación de Dios, y designa especialmente la función

de actuar o moverse en las vidas de hombres y mujeres.

El Espíritu Santo, no es la supuesta tercera persona de la trinidad;

porque Dios es Uno, y es Espíritu y hay un solo Espíritu en él:

Efe. 4:4.

"Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor,

allí hay libertad". 2 Cor. 3:17.

El Espíritu Santo es Dios operando salvación, y derramando bendición

sobre su pueblo; el Espíritu Santo está en todas partes, pero esos

términos se usan para mostrar que el Espíritu de Dios está obrando en

el corazón de los creyentes.

El Espíritu Santo es Jesucristo que habita dentro de nosotros en el

poder de su vida de resurrección:

"Cristo en vosotros, la esperanza de gloria". Col. 1:27.

"No os dejaré huérfanos, vendré a vosotros". Jn. 14:18.

"Si sois vituperados por el Nombre de Cristo, sois bienaventurados,

porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros". 1 Pedro

4:14.

Este título, Espíritu Santo, también nos demuestra que Jesucristo es

el verdadero Dios:

"Y después de estos derramaré mi Espíritu sobre toda carne". Joel 2:28.

Pedro citando esta profecía en su discurso en el día de pentecostés dijo:

"Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días,

dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne." Hech. 2:16-17.

Note que fue Dios quien dijo: Derramaré de mi Espíritu; y Juan el

Bautista hablando sobre Cristo dijo:

"Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que

viene tras de mi, cuyo calzado no soy digno de llevar, es más poderoso

que yo. Él OS BAUTIZARÁ EN ESPÍRITU SANTO Y FUEGO". Mat. 3:11.

Juan nos está diciendo que Cristo es el que derrama de su Espíritu y

ÉL es el que nos bautiza.

En la celebración de la fiesta de los tabernáculos, donde Israel

conmemoraba su peregrinación por el desierto y mediante el

derramamiento de un jarrón de agua por el sumo sacerdote, recordaban

que Dios les dio agua de la peña y fuentes del duro pedernal, y cuando

ellos hacían memoria de esta gloria de Dios de Israel.

"En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la

voz, diciendo: Si alguno tiene sed venga a mí y beba. El que cree en

mí, como dice la escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en El;

pues aún no había venido él Espíritu Santo, porque Jesús no había sido

aún glorificado (Exaltado a gloria)". Juan 7: 37-39.

Como Ud. puede ver claramente, Jesucristo es el bautizador y desde

luego hay que venir a Él, para ser llenos del Espíritu Santo. Veamos

otra evidencia de esto: En el discurso de Pedro en el día de

pentecostés, él hace un recuento del ministerio de Jesús, su muerte,

resurrección, ascensión y exaltación por la diestra de Dios:

"y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha

derramado esto que vosotros veis y oís". Hech. 2:22-23.

Así que los términos OTRO CONSOLADOR que aparece en Juan 14:16 no se

refiere, a otro Espíritu, sino a otra manifestación del mismo Espíritu

mostrándonos ciertas características y la naturaleza de su ministerio.

Así como cuando Él estuvo entre los hombres consoló a todos los que

sufrían, sanándoles y perdonándolos. Así ahora en el poder de su vida

resucitada, en el poder de su Espíritu, consuela a los afligidos.

Usted puede notar que en el verso 18, El dijo:

"No os dejaré huérfanos, vendré a vosotros".

En el caso del pronombre "nosotros" se refiere al ministerio del Padre

y del Hijo, en una nueva etapa de la redención, habitando en el

creyente y consolándolo y a través de sus hijos dando consolación a

otros. Esto podemos verlo también en el caso de la oración:

"Y todo lo que pidiereis al Padre en mi Nombre, lo haré (no hará,

hablando de otro) para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si

algo pidieres en mi Nombre, Yo lo haré". Juan 14: 13-14.

Note que si le pide al Padre en el Nombre del Hijo, o si le pide al

Hijo, el que responde o hace es UNO solo no dos, porque sólo hay un

Dios. El objeto de orar al Padre en el Nombre del Hijo es para que el

Padre sea glorificado en el Hijo, es decir, donde habita.

Nos quedan algunos textos que debemos aclarar ya que son usados, con

frecuencia por los trinitarios, como argumentos para defender la

supuesta trinidad o pluralidad de Dios.

El Bautismo de Jesús:

Dicen las teorías trinitarias que en el bautismo había tres: El Hijo,

que está siendo bautizado; el Espíritu Santo, que descendió; y el

Padre que dijo: "Este es mi hijo amado".

Como ya se dijo en la explicación del evangelio según San Mateo, Jesús

como el retoño de Israel, de David, heredero del trono de Israel,

tenía que ser ungido, como los reyes y sacerdotes, puesto que Él es el

Rey de Israel y el Sumo Sacerdote, y de ese acontecimiento partió, o

inició Jesús su ministerio.

La manifestación audible y visible, es decir, la voz y la paloma era

para Juan el Bautista, porque él tenía el encargo de presentar a

Cristo a Israel.

Juan 1:29-34, nota que dice: "Vi al Espíritu que descendía del cielo

como paloma" (no que él sea una paloma).

Es discutible si alguna otra persona oyó la voz y vio el símbolo.

En el día de Pentecostés también hubo dos señales visibles y audibles:

lenguas como de fuego y hablaron en otras lenguas (idiomas). ¿Sería

una persona las lenguas de fuego y otra los otros idiomas? Una

manifestación visible y otra audible no hacen dos personas o seres, o

el ruido y el humo de un motor no hacen dos motores.

La fórmula bautismal de Mateo 28:19:

Los seguidores de la tradición trinitaria, argumentan que la fórmula

dada por el Señor en la gran comisión, prueba la existencia de tres

personas.

Lo que sucede es que no se lee el texto con la debida atención. Veámoslo:

"Por tanto id y haced discípulos a todas las naciones bautizándolos

en. EL NOMBRE (singular) del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo."

Note que Él mandó que los discípulos fueran bautizados en el Nombre.

Un solo Nombre, no en los nombres; así que para obedecer este

mandamiento hay que saber a qué o cuál nombre se refirió Jesús ya que

Padre, Hijo, y Espírltu no son nombres, sino títulos que es muy

distinto. Los apóstoles sabían a qué nombre se refirió .Jesús; pues él

dijo en su oración, registrada en San Juan 17.

"Padre Justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y

éstos han conocido que tú me enviaste. Y les he dado a conocer tu

nombre, y lo daré a conocer aun para que el amor, con que me has amado

esté en ellos, y Yo en ellos". Juan 17: 25-26.

Como los Apóstoles conocían el Nombre, por eso ellos no tuvieron

dificultad de entender el mandamiento de Jesús, y el día de

Pentecostés cuando nació la iglesia y Pedro predicó el mensaje

registrado en Hechos 2 los oyentes preguntaron a Pedro y a los otros

apóstoles:

Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentios, y

bautícese cada uno de vosotros en el NOMBRE DE JESUCRISTO para perdón

de los pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo. Hech. 2:38.

Aquí vemos a los Apóstoles obedeciendo el mandamiento del Señor Jesús

en Mat. 28:19.

Lo mismo sucedió cuando Felipe le predicó a los samaritanos, fueron

bautizados en el nombre del Señor Jesús. Hech. 8: 12-16.

Los gentiles fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús Hech. 10:

43-48 y Hech. 19:1-6.

Todos los bautismos realizados y registrados en los Hechos fueron en

el nombre de Jesucristo, y usted no puede encontrar que los Apóstoles

o ministro alguno hubiera bautizado a alguien en los títulos Padre,

Hijo y Espíritu Santo.

Así que los que en lugar de invocar sobre los candidatos el Nombre de

Jesucristo, le invocan los títulos, no están obedeciendo al

mandamiento sino repitiéndolo. Si yo le pregunto a Ud. ¿cuál es el

nombre de su padre, madre e hijo? Y usted me responde, padre, madre e

hijo, ¿me habrá respondido?. Claro que no; me está repitiendo lo que

yo le pregunto.

Hay sólo un bautismo, como hay una sola fe y un solo Señor. Ef. 4:6.

Si Ud. no está bautizado en el Nombre de Jesucristo, no está bautizado

correctamente. Además de estas pruebas irrefutables, Pedro nos dice:

"Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la

cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay

salvación; porque no hay otro Nombre bajo el cielo, dado a los hombres

en que podamos ser salvos". Hech. 4: 11-12.

El Apóstol Pedro, al decir que el Nombre de Jesucristo es para perdón

de los pecados, estaba cumpliendo u obedeciendo lo que dice el

evangelio

"Llamarás su Nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus

pecados". Mat. 1:21.

"Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de

pecados en todas las naciones comenzando desde Jerusalén". Luc. 24:47.

"A quienes remitiéreis los pecados, le son remitidos; y a quienes se

los retuviéreis, les son retenidos". Jn. 20:23.

Ellos remitieron los pecados de los conversos por el bautismo en el

Nombre de Jesucristo. Porque sólo en ese Nombre hay perdón de pecados.

Ananías, el discípulo de Damasco que bautizó a Saulo, le dijo:

"Ahora pues, por qué te detienes?. Levántate y bautízate, y lava tus

pecados invocando su Nombre" Hech. 22:16.

El anciano Juan escribiendo a la iglesia de todos los tiempos, dijo:

"Os escribo a vosotros hijitos, porque vuestros pecados os han sido

perdonados por su Nombre". 1 Juan.2:12.

La gloria que tuvo Cristo antes que el mundo fuese:

"Ahora pues, Padre glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que

tuve contigo antes que el mundo fuese". Juan 17:5.

Otras versiones dicen: Con aquella gloria que tuve en TI.

Ya hemos explicado que no había un hijo en la eternidad, porque la

calidad de hijo se refiere al tiempo. Dios habita la eternidad. En

consecuencia era el hijo (humanidad de Cristo) orando por su

glorificación ya que todo el plan de Dios fue hecho antes de la

fundación del mundo.

El cordero de Dios fue ordenado y destinado antes de la fundación del

mundo. 1 Pedro 1: 19-20.

El cordero de Dios fue inmolado desde el principio del mundo. Apc. 13:8.

Ya vimos en los Hechos y en las epístolas que la glorificación de

Cristo, fue su exaltación al trono del universo; como Él lo había

dicho:

"¿Pues que si vieras Hijo del hombre subir a donde estaba primero?" Jn. 6:62.

La sujeción del Hijo:

1 Cor. 15: 24-28.

Este pasaje ha sido motivo de mucha confusión y discusión. La

principal razón de la controversia, de esta sección es por la

violación de las reglas elementales de la interpretación, aislando

estos versículos del contexto.

Si examinamos lo dicho a la luz de todo el capítulo no tendríamos

problema, ya que esta es una declaración del evangelio. El  evangelio

consiste en que Cristo fue muerto por nuestros pecados conforme a las

Escrituras, que fue sepultado y que resucitó; conforme a las

Escrituras. Y que apareció a los apóstoles y a los hermanos y al

último como un abortivo a Pablo. Con esta declaración el Apóstol

corrige a los Corintios, quienes influidos por la filosofía griega,

estaban creyendo. en la inmortalidad sin la resurrección de los

muertos, versículo 12.

En los versos 13 al 19, Pablo muestra la inutilidad de la profesión

cristiana si no hubiera resurrección.

"Mas ahora, Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que

durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre,

también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como

en Adán 'todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero

cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son

de Cristo, en su venida, luego el fin, cuando entregue el reino al

Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y

potencia", ver. 20-24.

Note que estos versos nos dicen que, como la muerte entró por un

hombre, Adán, también por un hombre la resurrección, como en Adán

todos son mortales, en Cristo todos (los que son de él) serán

vivificados, es decir, que la resurrección parte de Cristo, como la

muerte entró por Adán. Y esta resurrección que se operó en Cristo en

primera instancia, seguirá luego con los que son de él en su venida.

Después de mostrarnos lo que la resurrección implica para el cristiano

como nuestra esperanza, se traslada al fin. Observe la transición que

hay entre el verso 23 y 24 con la expresión:

Luego al fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya

suprimido todo dominio, toda autoridad y toda potencia.

El fin a qué hace mención el apóstol, es la consumación del plan de la

redención; cuando el primero de la resurrección, es decir, Cristo haya

traído o sujetado todo bajo sus pies, inclusive la muerte, venciéndola

en los impíos. A este fin es al que se refiere el apóstol cuando dice

que el Hijo entregará el reino al Dios y Padre, esto es la consumación

del plan de Dios en la redención del hombre; después de haber vencido

la muerte en su propio cuerpo, y en los santos en su venida, y

finalmente en los impíos.

Ya que todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que

hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que

hicieron lo malo, a resurrección de condenación. Jn. 5:29.

"Y haber suprimido todo dominio, autoridad y potencia. Porque preciso

es que él reine hasta que haya puesto a sus enemigos debajo de sus

pies. Y el postrer enemigo que será vencido es la muerte".

¿Por qué se habla del hijo trayendo y sujetando todo al que le sujetó

a Él todas las cosas? Porque el mundo que Dios creó lo entregó a un

hombre: Adán. Gén. 1:27-29; Sal. 8:3-8. Este hombre entregó al diablo

todo lo que Dios había puesto bajo su dominio y se constituyó en

esclavo de satanás. Rom. 6:16.

El diablo cuando tentó al Señor, le mostró todos los reinos de la

tierra, y le dijo:

"A ti te daré toda esta potestad; y la gloria de todos; porque a mí me

ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tu postrado me

adorares, todos serán tuyos." Lc. 4: 5-7.

Hay que entender que el diablo es una criatura y si Dios como tal

hubiera luchado con él para vencerlo y despojarlo de lo que le robó al

primer hombre, hubiera sido la lucha del pez grande devorando al

chico. Por esto vino un segundo hombre. El primer hombre es de la

tierra y fracasó. Vino el segundo hombre que es el Señor del cielo;

este hombre es la manifestación de Dios en Carne, o el Hijo.

Dios prometió traer todo bajo su dominio por medio de este hombre, y

cuando esto suceda, se habrá consumado el plan de Dios y Dios será

todo en todos.

"¿Será quitado el botín del valiente? ¿Será rescatado. el cautivo del

tirano?. Pero así dice Jehová: Ciertamente el cautivo será rescatado

del valiente, y el botín. Será arrebatado al tirano; y ta pleito yo lo

defenderé y yo salvaré a tus hijos". Is. 49: 24-25.

El pasaje mencionado al Principio nos habla de la redención partiendo

de la muerte y resurrección de Cristo hasta el fin cuando Dios será

todo en todos.



ADONAY ROJAS ORTIZ

Pastor

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CONOCIMIENTO DE DIOS

EL VERDADERO CONOCIMIENTO

DE DIOS PROCEDE DE LA FE

Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar:

en entenderme y conocerme que yo soy Jehová,

que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra;

porque estas cosas quiero, dice Jehová.

Jeremías 9:24

En 1 Timoteo 6:20–21, Pablo advierte a Timoteo contra "la falsamente

llamada ciencia (en griego, gnosis), la cual profesando algunos, se

desviaron de la fe". Pablo está atacando las tendencias teosóficas y

religiosas que se desarrollaron hasta convertirse en el gnosticismo

del siglo II. Los que enseñaban estar creencias y prácticas les decían

a los creyentes que debían ver su consagración cristiana como una

especie de primer paso algo confuso en el camino hacia el

"conocimiento", y los exhortaban a dar más pasos dentro de ese camino.

Estos maestros consideraban al orden material como algo carente de

valor, y al cuerpo como una prisión para el alma, y trataban la

iluminación como la respuesta total a las necesidades espirituales de

los seres humanos. Negaban que el pecado tuviera parte alguna en el

problema, y la "ciencia" que ofrecían sólo tenía que ver con conjuros,

contraseñas celestiales, y disciplinas de misticismo y despego de la

realidad. Habían clasificado de nuevo a Jesús como un maestro

sobrenatural que había tenido aspecto de humano, aunque no lo era;

negaban la Encarnación y la Expiación, y reemplazaban el llamado hecho

por Cristo a una vida santa con recetas para desarrollar el ascetismo,

o concesiones a la vida licenciosa. Las cartas de Pablo a Timoteo (1

Timoteo 1:3–4; 4:1–7; 6:20–21; 2 Timoteo 3:1–9); Judas 4, 8–19; 2

Pedro 2 y las dos primeras cartas de Juan (1 Juan 1:5–10; 2:9–11,

18–29; 3:7–10; 4:1–6, 5:1, 12; 2 Juan 7–11) se oponen de manera

explícita a las creencias y las prácticas que emergerían más tarde

bajo la forma del gnosticismo.

En contraste con esto, las Escrituras hablan de "conocer" a Dios como

el ideal para la persona espiritual: esto es, llegar a una plenitud de

fe y relación que traiga salvación y vida eterna, y produzca amor,

esperanza, obediencia y gozo. (Véanse, por ejemplo, Éxodo 33:13;

Jeremías 31:34; Hebreos 8:8–12; Daniel 11:32; Juan 17:3; Gálatas

4:8–9; Efesios 1:17–19; 3:19; Filipenses 3:8–11; 2 Timoteo 1:12). Las

dimensiones de este conocimiento son intelectuales (conocer la verdad

acerca de Dios: Deuteronomio 7:9; Salmo 100:3); volitivas (confiar en

Dios, obedecerlo y adorarlo en función de esa verdad) y morales

(practicar la justicia y el amor: Jeremías 22:16; 1 Juan 4:7–8). La

fe—conocimiento se centra en Dios encarnado, Cristo Jesùs hombre, el

mediador entre Dios y nosotros los pecadores, por medio del cual

llegamos a conocer a su Padre como Padre nuestro (Juan 14:6). La fe

busca conocer de manera concreta a Cristo y a su poder (Filipenses

3:8–14). El conocimiento de la fe es el fruto de la regeneración, la

entrega de un corazòn nuevo (Jeremías 24:7; 1 Juan 5:20), y de la

iluminación del Espíritu (2 Corintios 4:6; Efesios 1:17). La relación

de conocimiento es recíproca, e implica afecto y pacto por ambas

partes: nosotros conocemos a Dios como nuestro, porque Él nos conoce a

nosotros como suyos (Juan 10:14; Gálatas 4:9; 2 Timoteo 2:19).

Todas las Escrituras nos han sido entregadas para ayudarnos a conocer

a Dios de esta forma. Esforcémonos por usarlas de la manera correcta.

Packer, J. I. (1998). Teologı́a concisa: Una guı́a a las creencias del

Cristianismo histórico (pp. 30–31). Miami, FL: Editorial Unilit.



ADONAY ROJAS ORTIZ

Pastor

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Qué sucede cuando nos sometemos a la autoridad de la Biblia

El pueblo de Dios bajo autoridad

¿Qué sucede cuando nos sometemos a la autoridad de la Biblia? ¿Qué

clase de vida lleva el pueblo de Dios cuando se somete a las

Escrituras?

Veremos, en este capítulo, que no sólo es razonable someternos a la

autoridad de la Biblia sino que también es saludable: es bueno para

nuestra propia vida.

Hay quienes piensan que someterse a cualquier autoridad (en este caso,

la de las Escrituras) es incompatible con la libertad humana e inhibe

nuestra personalidad.

Por el contrario, sostenemos que la sumisión a la autoridad de las

Escrituras no sólo no impide la plenitud de vida, sino que es

indispensable para poder tenerla. Consideraremos aquí seis beneficios

que recibimos al someternos a la autoridad de la Biblia.

1. La Biblia es el camino hacia un discipulado maduro

No estoy sosteniendo que sea imposible ser hijo de Dios sin someterse

a las Escrituras, porque no es el caso. Hay cristianos cuya confianza

en las Escrituras es pequeña; ponen más confianza en la tradición

eclesiástica, en el magisterio de la iglesia o hasta en su propia

razón. No podemos negar que son discípulos de Jesucristo, pero yo

diría que su discipulado está empobrecido.

Es imposible desarrollar un discipulado integral sin someternos a la

autoridad de las Escrituras. La vida de discipulado cristiano abarca

muchas facetas, cada una de las cuales necesita estar fundada y

enriquecida por la Palabra de Dios; si no lo está, se empobrece la

vida de discipulado. Algunas dimensiones esenciales de este

discipulado son la alabanza, la fe, la obediencia y la esperanza.

a. Alabanza

El cristiano está llamado a alabar a Dios, su Creador y Salvador,

tanto en público como en privado. Pero, ¿cómo podemos alabar a Dios si

no sabemos quién es, ni qué tipo de alabanza le agrada? Sin este

conocimiento nuestra alabanza puede distorsionarse y transformarse en

idolatría, o podemos acabar como los atenienses, que adoraban a un

dios desconocido. Los cristianos estamos llamados a adorar a Dios en

espíritu y en verdad, y a amarlo con toda nuestra mente y todo nuestro

ser.

Gloriaos en su santo nombre; alégrese el corazón de los que buscan a Jehová.

Salmo 105:3

Esta es una hermosa definición de la alabanza. Alabar a Dios es

gloriarnos en su santo nombre, meditar quién es Dios y gloriarnos en

él.

El 'nombre' de Dios revela su carácter. ¿Cómo podemos conocer el

nombre de Dios sin acudir a su Palabra? La Biblia nos revela el nombre

de Dios. Por eso, la alabanza a Dios es siempre una respuesta a la

palabra de Dios. Tanto en público como en privado, las Escrituras

enriquecen nuestra adoración. Cuanto más conocemos a Dios, tanto mejor

podemos alabarlo.

b. Fe

El discipulado cristiano se expresa también en una vida de fe. Pero,

¿cómo puede crecer nuestra fe si no estamos seguros de la fidelidad de

Dios?

Hudson Taylor, el fundador de la misión al interior de la China,

tradujo la expresión 'tener fe en Dios' diciendo: 'Cuenten con la

fidelidad de Dios.' No es una traducción literal, pero es veraz. Tener

fe en Dios es contar con su fidelidad.

En ti confiarán los que conocen tu nombre.

Salmo 9:10

Una vez más, los que conocen el nombre de Dios, es decir, su persona y

su carácter, ponen en él su confianza. La fe depende del conocimiento.

Tener fe no es sinónimo de superstición; no es credulidad ingenua.

Nietzsche decía que actuar por fe es no querer saber lo que es

verdadero. Para el cristiano, sin embargo, conocer la verdad es lo que

sustenta la fe. Un periodista crítico del cristianismo, dijo en una

ocasión: 'La fe podría ser descrita, brevemente, como una creencia

ilógica en la ocurrencia de lo improbable.' Es una definición muy

creativa, pero muy inadecuada. La fe no es ilógica ni irracional. La

fe es una confianza razonable, y su razonabilidad se deriva del hecho

de que Dios es digno de confianza.

Nunca es irracional confiar en Dios. No hay ningún ser más confiable

que él. La fe crece conforme meditamos en el carácter de Dios, porque

él nunca miente. ¿Cómo conocemos las promesas, el carácter, y el pacto

de Dios? En la Biblia Dios declara quién es, y lo comprobamos en

nuestra experiencia como discípulos. Sin la Biblia no sabríamos nada

sobre la confiabilidad de Dios. La fe no puede crecer sin la

revelación bíblica de Dios.

c. Obediencia

La obediencia es otra de las impresiones fundamentales de la vida

cristiana. Para el discípulo, Jesús es tanto su Salvador como su

Señor. Jesús nos llama a una vida de culto y de fe, y también a una

vida de obediencia integral. ¿Cómo podríamos obedecer si no

conociéramos su voluntad y sus mandamientos? Sin su palabra revelada,

la obediencia sería imposible.

El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama.

Juan 14:21

Necesitamos conocer y guardar sus mandamientos en nuestra mente y

corazón. También en esto, entonces, la Biblia resulta indispensable

para el discipulado. Es en ella donde podemos conocer los mandamientos

de Dios, y es a través de ella que aumenta nuestra comprensión de su

voluntad.

d. Esperanza

El discipulado cristiano también incluye la esperanza. La esperanza

cristiana es una expectativa confiada acerca del futuro. Ningún

cristiano puede ser pesimista. Aun cuando somos realistas respecto a

la condición del ser humano, y no tenemos mucha confianza en la propia

humanidad para la construcción de un mundo mejor, sí tenemos mucha

confianza en Dios. Tenemos la seguridad de que el mal y el error no

van a triunfar. Tenemos la certeza de que Jesucristo va a regresar en

poder y gloria. Los muertos han de levantarse y la muerte ha de ser

abolida. Va a haber un nuevo cielo y una nueva tierra, y Dios va a

reinar para siempre. Todo esto está incluido en la esperanza

cristiana.

¿Cómo podemos tener esta seguridad, si en todas partes parece florecer

y triunfar el mal? Los corruptos se salen con la suya, los problemas

del mundo se agudizan, el invierno nuclear y el efecto invernadero

suspenden su amenaza en el horizonte de la humanidad. Parece haber

muchas más razones para desesperar que para tener esperanza. Y así

sería, si no fuera por la Biblia.

Es ella la que sostiene nuestra esperanza. La esperanza cristiana no

es optimismo humanista sino confianza en Dios, estimulada por sus

promesas en la Biblia.

Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza,

porque fiel es el que prometió.

Hebreos 10:23

Jesús dijo que iba a regresar y que su reinado iba a ser el de la

justicia; son sus promesas, registradas en la Biblia, las que nos dan

esperanza.

Estos cuatro aspectos básicos del discipulado cristiano: alabanza, fe,

obediencia y esperanza serían irracionales si no tuviesen una base

objetiva, una revelación segura de Dios a la cual responder. La

alabanza depende del conocimiento de la persona de Dios. La fe es una

respuesta a la fidelidad revelada de Dios. La obediencia depende del

conocimiento de los mandamientos de Dios, y la esperanza se nutre en

el conocimiento de su propósito y de sus promesas.

Por eso las Escrituras son indispensables para el crecimiento

cristiano, y la sumisión a las Escrituras es el camino necesario hacia

un discipulado maduro.

Este primer argumento sería suficiente para mostrar que es saludable

reconocer la autoridad de las Escrituras. Pero quedan por lo menos

cinco razones más.

2. La autoridad de las Escrituras es el camino hacia la integridad intelectual

Muchas personas afirmarían exactamente lo contrario. No pueden

entender cómo, personas aparentemente inteligentes, pueden someterse a

la autoridad de la Biblia. Consideran que es irracional creer en la

infalibilidad de la Biblia. Nos acusan de falta de integridad

intelectual, oscurantismo, suicidio intelectual y cosas semejantes.

Frente a estas acusaciones, nos declaramos enfáticamente 'no

culpables'. Por el contrario, insistimos en que nuestras convicciones

acerca de las Escrituras surgen precisamente de la integridad

intelectual.

¿Qué es integridad? La integridad implica armonía, plenitud. Significa

coherencia entre lo que pensamos y lo que vivimos. No hay creencia más

integradora que reconocer que Cristo es Señor. El cristiano confiesa

el señorío de Cristo y se somete a su autoridad, y esto es lo que da

armonía a su vida. El señorío de Jesús es lo que da integridad a la

vida: él es Señor de nuestras creencias y nuestras opiniones; es Señor

de nuestras ambiciones y de nuestras normas morales; es Señor de

nuestro sistema de valores y de nuestro estilo de vida. Él es el Señor

de todo, y eso es lo que nos da integración. Un cristiano integrado es

aquel que está en paz consigo mismo: no hay en él una dicotomía entre

sus creencias y su conducta. Por eso, procuramos "[llevar] cautivo

todo pensamiento a la obediencia a Cristo" (2 Corintios 10:5).

Como vimos en el capítulo 1, Jesús mismo se sometió a la autoridad de

las Escrituras, tanto en su conducta, como en el entendimiento de su

misión y en sus controversias públicas. Dijo que esperaba que sus

discípulos hicieran lo mismo, porque un discípulo no puede estar por

encima de su Maestro ni el siervo puede estar por encima de su Señor.

La sumisión a las Escrituras es una parte inseparable de la sumisión a

Jesús como Señor. El discípulo de Cristo no puede mostrar una sumisión

selectiva. No podemos pasearnos por las Escrituras como lo haríamos

por un jardín, escogiendo una flor por acá, otra por allá, y

rechazando otras. No podemos tratar así a la Biblia. Sería incoherente

estar de acuerdo con la doctrina acerca de las Escrituras. Una

sumisión selectiva no es sumisión en absoluto. De hecho, es una

manifestación de arrogancia e inmadurez.

Cuando afirmamos la inspiración y la autoridad de las Escrituras, no

estamos negando que haya dificultades al leerla. Por el contrario,

encontramos problemas textuales, literarios, históricos y filosóficos,

científicos, morales y teológicos. ¿Cómo podemos responder a estas

dificultades, y a la vez mantener nuestra integridad]?

Toda doctrina cristiana tiene problemas. No hay una sola doctrina

cristiana que no presente dificultades. Por ejemplo, la doctrina de

Cristo, que expresa que es una persona pero tiene dos naturalezas. O

nuestra propia condición como cristianos, de pertenecer a la vez a la

iglesia y al mundo. El amor de Dios es una doctrina cristiana

fundamental, pero también plantea conflictos. Todos los cristianos

creen que Dios es amor, pero hay muchos obstáculos para creer que

realmente lo es: el origen del mal, el sufrimiento de los inocentes,

los silencios de Dios, la vastedad del universo y la aparente

insignificancia de los seres humanos. Cuando ocurre un desastre como

una hambruna o un terremoto, o una catástrofe personal como el

nacimiento de un niño minusválido, nos preguntamos por qué Dios

permite estas cosas. Con todo, estos conflictos no nos autorizan a

ignorar que Dios es amor.

Los problemas existen. Luchamos con el problema, oramos, pensamos, lo

analizamos con otros, consultamos libros, y así llega un poco de luz

sobre el conflicto; sin embargo, no desaparece. Por eso, afirmamos:

'Mantengo mi convicción sobre el amor de Dios a pesar de los

problemas. Lo creo porque Jesús lo enseñó y Jesús lo demostró. Jesús

me enseña el amor de Dios, y creo en el amor de Dios por Jesús, a

pesar de los problemas."

Lo mismo podemos decir respecto a la autoridad de la Biblia. Tenemos

que aprender a enfrentar los problemas de la Biblia de la misma manera

que los enfrentamos en el caso de cualquier otra doctrina. Supongamos

que llega alguien a plantear una discrepancia aparente entre la Biblia

y la ciencia, o entre dos relatos diferentes en los evangelios sobre

el mismo incidente. ¿Qué hacemos? ¿Diremos: 'A fin de mantener mi

seriedad intelectual suspenderé mi fe en la Biblia hasta haber

resuelto el problema'? De ninguna manera; lo que hacemos es luchar con

el problema. No lo escondemos 'bajo la alfombra' sino que pensamos en

él, oramos, leemos, y así empieza a aparecer alguna luz. Sin embargo,

el problema no se supera totalmente. ¿Qué hacemos, entonces?

Mantenemos nuestra convicción sobre la palabra de Dios a pesar de los

problemas. ¿Por qué? Porque Jesús lo enseñó y lo demostró en su propia

vida. Creer en una doctrina porque reconocemos el señorío de Jesús, no

es oscurantismo: es confiar en aquel que dijo que era la luz del

mundo. Es integridad intelectual sobria.

3. La autoridad de las Escrituras es el camino hacia el entendimiento ecuménico

La Biblia ofrece una base segura sobre la cual las iglesias pueden encontrarse.

Hay evangélicos que tienen una actitud de sospecha hacia el movimiento

ecuménico, porque perciben cierta tendencia hacia la indiferenciación

doctrinal; consideran que se reinterpreta la evangelización

exclusivamente en términos de acción socio-política; critican la

inclinación al sincretismo y al universalismo. Entiendo sus dudas; no

obstante, creo que no podemos ignorar el ecumenismo. No podemos

comportarnos como si todos los cristianos no evangélicos no fueran

cristianos. Además, Jesús oró para que su pueblo fuese uno, para que

así el mundo creyese; tenemos que tomar muy seriamente esa oración de

Jesús. El apóstol Pablo enseñó que es preciso mantener la unidad del

Espíritu en el vínculo de la paz, y debiéramos acatar esa enseñanza.

Sin duda, la rivalidad entre las iglesias no agrada a Dios.

Calvino opinaba que uno de los más grandes infortunios es el hecho de

que las iglesias estén separadas unas de otras. Se sentía tan afectado

por esta situación que aseguraba que, si fuese de utilidad, no

vacilaría en cruzar diez océanos, si alguien lo considerase necesario.

La unidad de las iglesias que agrada a Dios, agregaba Calvino, es

aquella que está de acuerdo con las Escrituras.

Siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la

cabeza, esto es, Cristo.

Efesios 4:15

El amor es muy importante para alcanzar la unidad entre los

cristianos; pero la verdad es igualmente importante. Sólo a partir de

una combinación de amor y verdad podremos avanzar en unidad. La verdad

puede ser dura si no es suavizada por el amor, pero el amor puede ser

demasiado blando si no es fortalecido por la verdad. Nuevamente, las

Escrituras son indispensables para proveer un fundamento sólido y

equilibrado a la vida de la iglesia.

Creo que el principal obstáculo para la unidad entre las iglesias es

la dificultad para distinguir entre las Escrituras y la tradición. Si

todos pudiésemos aceptar lo que las Escrituras enseñan, las iglesias

podrían fácilmente unirse. Lo que nos separa es, a veces, la

desobediencia a lo que Dios dice en su Palabra, o la falta de fe en

ella, o la exaltación de la tradición al mismo nivel de las

Escrituras. La auténtica sumisión a la autoridad de las Escrituras es

el camino al progreso ecuménico. Si pudiésemos avanzar en nuestro

acuerdo en lo que la Biblia enseña, entonces podríamos unirnos,

dejando de lado nuestras tradiciones no bíblicas.

4. La autoridad de las Escrituras es el camino hacia la libertad auténtica

Algunas personas sostienen que si aceptamos una autoridad externa,

renunciamos a la libertad intelectual. '¿Cómo puede mi mente ser libre

si alguna autoridad, sea la iglesia o cualquier otra, me dice qué es

lo que tengo que creer?' Mi respuesta es que sólo hay una autoridad

bajo la cual la mente es libre, y esa es la autoridad de la verdad.

Jesús dijo: "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan

8:32).

La libertad intelectual es diferente de lo que llamaríamos libre

pensamiento. Ejercer libre pensamiento es tener la libertad para creer

o pensar cualquier cosa que queramos. La libertad intelectual, en

cambio, es la libertad de creer únicamente en la verdad. No creer en

nada no es libertad: es esclavitud a la falta de sentido. Creer en una

mentira tampoco es libertad, es servidumbre a la falsedad. Creer en la

verdad es la única sumisión que ofrece libertad. Esto vale tanto para

la verdad científica como para la verdad bíblica.

La verdad científica también implica una especie de sumisión. La

verdad impone sus propios límites sobre aquello que podemos libremente

creer. La tierra es redonda, aunque alguna persona crea lo contrario.

El agua hierve a 100° C al nivel del mar, por más que alguien no esté

de acuerdo con ello. Uno es teóricamente libre de negar esos hechos;

uno puede negar la ley de la gravedad y saltar de un edificio, pero

vivirá para lamentarlo, o más probablemente morirá lamentándolo. Usted

puede negar que el agua hierve a cierta temperatura y puede meter el

dedo para averiguarlo, pero sufrirá por hacerlo. Es decir que la

'libertad' para negar los datos de la realidad científica no es

libertad; por el contrario, es esclavizarse a una ilusión y siempre

lleva a consecuencias desastrosas.

Lo que es cierto en la ciencia es igualmente cierto en cuanto a las

Escrituras. El estudio bíblico es semejante a la investigación

científica, porque Dios ha escrito dos 'libros': uno es el libro de la

naturaleza y el otro es el libro de las Escrituras. Ambos son su

revelación, de manera que la investigación científica y bíblica son

formas complementarias de investigar la revelación divina. Tanto los

científicos como los estudiantes de la Biblia tienen datos que les son

dados y no pueden ser alterados. En un caso, esos datos están dados en

la naturaleza, y en el otro, están dados en las Escrituras.

El trabajo del científico no es contradecir los datos de la naturaleza

sino observarlos, pensarlos, medirlos, evaluarlos, interpretarlos y

sistematizarlos. Sucede lo mismo con el estudiante de la Biblia.

Nuestra tarea no es contradecir la revelación de Dios en las

Escrituras sino meditarla, interpretarla y sistematizarla. La función

de la mente es similar en ambos casos. Sólo cuando nos situemos

humildemente bajo la autoridad de Dios en su palabra, será libre

nuestra mente. La sumisión a la autoridad bíblica es el camino hacia

una libertad intelectual auténtica.

5. La autoridad de las Escrituras es el camino hacia la fidelidad evangelística

Hasta aquí, hemos considerado razones 'internas' que hacen saludable

para el cristiano someterse a la autoridad de la Biblia: discipulado

maduro, integridad intelectual, libertad auténtica, progreso

ecuménico. Todo ello se refiere a nosotros a la iglesia. Pero también

hay razones que atañen al mundo externo, a los seres humanos que viven

en la confusión, el temor y el error. Los problemas globales parecen

no tener solución. La iglesia cristiana tiene la responsabilidad de

dar alguna dirección en medio del caos. Pero, ¿hay palabras de

consuelo y esperanza para una generación como esta? Por supuesto que

sí. Sin embargo, en esto reside una de las grandes tragedias de la

iglesia contemporánea: cuando el mundo está listo para escuchar, la

iglesia parece no tener nada que decir. La iglesia misma está

confundida y se suma a la confusión que caracteriza al mundo actual,

en vez de ofrecer luz. Con frecuencia, la iglesia se muestra insegura

de su propia identidad. Sufre una crisis similar a la del adolescente

en busca de identidad: está creciendo muy rápido, pero le falta

coherencia y profundidad. También la iglesia crece en números más que

en madurez. Un conocimiento más cabal de las Escrituras nos ayudaría a

corregir este desequilibrio.

No podemos recuperar la evangelización bíblica si no recuperamos el

evangelio bíblico. Para esto, es indispensable la sumisión a las

Escrituras. El testimonio cristiano es testimonio de Cristo. Pero,

¿cuál Cristo? Parece haber tantos 'Cristos' diferentes. La respuesta

es: el Cristo bíblico, el Cristo del testimonio apostólico. No tenemos

ninguna autoridad para 'editar' y seleccionar el evangelio. Estamos

llamados a proclamarlo como heraldos, a defenderlo como abogados; pero

nada de esto es posible sin la recuperación del mensaje bíblico.

6. La autoridad de las Escrituras es el camino hacia la humildad personal

Nada es tan desagradable en un cristiano como la soberbia, y nada es

más atractivo que la humildad. A veces me pregunto si no será ésta

nuestra necesidad más grande. Urge que nos humillemos ante Jesús como

Señor y nos sentemos humildemente a sus pies como María, escuchando

sus palabras.

Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy.

Juan 13:13

Este ha sido un texto muy importante en mi peregrinaje espiritual.

'Maestro' y 'Señor' eran títulos de cortesía; pero Jesús dijo que, en

su caso, no eran únicamente títulos sino testimonios de una realidad:

'Son ustedes muy corteses al usar esos títulos, y tienen razón de

llamarme así, porque eso es lo que soy.'

Ambos son títulos de autoridad. Un maestro tiene alumnos a los cuales

instruye y un señor tiene siervos a los que da órdenes. Jesús es

nuestro Maestro y nosotros somos sus alumnos. Jesús es nuestro Señor y

somos sus siervos. Por lo tanto, estamos bajo su autoridad. No tenemos

libertad para no estar de acuerdo con él; no tenemos libertad para

desobedecer a Jesús. Nuestra entrega a Jesucristo no será real a menos

que entendamos esto. No somos realmente convertidos si no lo estamos

moral e intelectualmente. No estamos intelectualmente convertidos al

evangelio hasta que nuestra mente se haya sometido a la autoridad de

Jesús. Y no estamos moralmente convertidos hasta que nuestra voluntad

y nuestra vida estén sometidas al señorío de Jesús.

Esta es una pregunta decisiva para nosotros y para la iglesia: ¿Es

Jesús nuestro Señor, o no? Decimos que lo es lo llamamos Señor; pero,

¿lo es en verdad? ¿Es el Señor de la iglesia, es el que enseña y tiene

mando de ella? ¿O nos permitimos, como individuos o como iglesia,

acomodar y manipular la enseñanza de Cristo en las Escrituras?

Conclusión

Como discípulos de Jesucristo, es esencial que nos sometamos con

humildad a las Escrituras, tal como lo hizo Jesús. Si así lo hacemos,

descubriremos que esa sumisión es el camino hacia la integridad

intelectual y la libertad auténtica. La sujeción a las Escrituras es

la única forma en que la iglesia puede unirse, es la única forma en

que podemos evangelizar el mundo y es la manera de expresar nuestra

sumisión humilde a Jesús, nuestro Señor. Por todas estas razones, es

saludable someternos a la autoridad de las Escrituras.

Stott, J. (1994). La Biblia ¿es para hoy? (1st Edition). Buenos Aires:

Ediciones Certeza ABUA.



ADONAY ROJAS ORTIZ

Pastor

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